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Hace ya tres años desde que publiqué mi primer libro, «25+1 Relatos Distópicos«, y precisamente en él, uno de los relatos, hablaba de Kevin Robinson, un chico que a cambio de 100.000 libras, entregó los derechos de su rostro a una empresa de ingeniería y robótica.

¿Qué pasó más tarde? Pues que esa cara acabó siendo usada en toda una flota de robots humanoides, destruyendo por completo la vida de esta persona:

Para una puerta automática, para un sistema ticketing, Kevin era otro Evoº más, y por ende podía tener acceso siempre y cuando el servicio permitiese a los asistentes robóticos su uso.

Por la calle la gente se tropezaba continuamente con él, ya que es por todos sabidos que es el asistente quien debe esquivar al humano y no al revés.

Las vejaciones que sufría Kevin día tras día le llevaron incluso a alguna situación de susto, cuando un grupo de jóvenes le empujaron contra un coche autónomo que afortunadamente frenó a tiempo, rompiéndole un brazo en la caída. O cuando se quedó encerrado en los baños de un centro comercial mientras el guardia se aseguraba de que sus «dueños» venían a recogerlo.

Perdió su trabajo, pese a que había tenido una trayectoria in company brillante.

Sencilla y llanamente los clientes no querían trabajar «con un robot», por lo que relegaron a Kevin a puestos de segunda, y los continuos problemas del chico (un día llegaba tarde porque su Reminder se había deshabilitado, otro día no podía ir a la oficina ya que el reconocimiento facial del transporte urbano le impedía acceder al servicio…) acabaron de servir de excusa a la multinacional para prescindir de su puesto.

[Y también su vida personal]

[A fin de cuentas…]

¿Quién querría estar con un asistente robótico?

Es más, ¿iba a permitir Kevin que la persona a la que amase tuviera que vivir con un «paria» social como él? ¿A sabiendas de todos los problemas que le ocasionaría?

Relato «Derecho a la Identidad» de 25+1 Relatos Distópicos

Por supuesto, todo esto es mera distopía.

O quizás no.

Esta semana conocíamos de la existencia de la compañía israelí Hour One (EN), dedicada al sector publicitario, y que ha empezado a utilizar imágenes de personas anónimas para crear vídeos para empresas.

Básicamente la idea es que, quien quiera, pueda ceder su cara para que, en base a la tecnología de las ultrafalsificaciones o deepfakes, se utilice en vídeos corporativos o publicitarios.

De esta manera, al menos en teoría, las compañías se ahorrarían el coste de contratar a actores. Bastaría que cualquiera emulase las acciones que deben mostrarse en el vídeo, para que luego, en base a esos deepfakes, se le ponga encima la cara contratada.

Eso, o también ofrecerán la opción de que todo se genere de forma algorítmica, de nuevo utilizando el rostro previamente cedido a nivel de derechos de imagen.

Por recrear, recrean hasta la voz de forma sintética. Algo que ya he explicado en alguna que otra charla, y es que igual que la tecnología de deepfakes requiere de mayor capacidad computacional (aunque con la nube, es accesible ya para cualquiera con conocimientos), con el tema de la voz es posible hacerlo incluso desde un smartphone de gama baja.

¿Que no te complace la voz sintética? Pues se utilizarán entonces dobladores profesionales, y es nuevamente el sistema de inteligencia artificial quien genera los movimientos faciales.

Una tecnología que ya está al nivel necesario, y que se está explotando en la industria del videojuego, en la del cine, en la publicitaria, e incluso también en la de la cibercrimen y espionaje masivo. Por España hace unos meses tuvimos ese anuncio de Cruzcampo, que utilizó el rostro de la ya difunta Lola Flores.

Junta la realidad, con la ficción distópica sobre deepfakes que te contaba al principio de este texto, y tienes como corolario el potencial futuro de todos aquellos que vendan su imagen para empresas como esta.

Y, si no, tiempo al tiempo…

Avisados quedáis :).

En CyberBrainers ayudamos a empresas y usuarios a prevenir, monitorizar y minimizar los daños de una crisis reputacional. Si estás en esta situación, o si quieres evitar estarlo el día de mañana, escríbenos y te preparamos una serie de acciones para remediarlo.

Pablo F. Iglesias
Pablo F. Iglesias

Pablo F. Iglesias es Consultor de Presencia Digital y Reputación Online, director de la Consultora CyberBrainers, escritor del libro de ciencia ficción «25+1 Relatos Distópicos» y la colección de fantasía épica «Memorias de Árganon», un hacker peligroso, y un comilón nato 🙂