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Apple tiene en la App Store uno de sus mejores negocios. Una plataforma OBLIGATORIA para publicar desarrollos en sus dispositivos móviles, de la que cobra el 30% (con algunos matices) de todas las compras y suscripciones que se haga.

Estos dos puntos son críticos para entender cómo la compañía está luchando con uñas y dientes por intentar demostrar que no tiene, de facto, un monopolio, amparándose en el que cualquiera puede comprarse un Android si no le gusta tener que pasar por la App Store.

¿El problema? Pues que si quieres un iPhone, ahí sí que no tienes otra opción que pasar por la App Store, lo que entra en contra de las regulaciones europeas, y la de cada vez más estados democráticos.

En su momento tanto Microsoft como Google tuvieron que aceptar que debían abrir sus sistemas operativos a la competencia, y tiene toda la pinta que acabará ocurriendo lo mismo con iOS.

Pero mientras tanto, y en efecto, todo lo que se compra desde un dispositivo iPhone o iPad pasa, sí o sí, por la plataforma de Apple, y por tanto, la compañía se queda una comisión.

Lo que entronca de lleno con el tema que quería hablar hoy, y es que Apple parece que no tiene incentivos (más bien todo lo contrario, como hemos visto) para controlar una de las ya habituales tácticas de las aplicaciones en el market: anunciarse como si fueran una app gratuita, cuando realmente, una vez dentro, te piden una suscripción para acceder al servicio.

Apps gratis que no lo son

Fíjate que no estamos hablando de la típica app gratuita que luego tiene funcionalidades de pago. No.

Aplicaciones como esta (EN) que te permite crear un avatar mediante inteligencia artificial, usando para ello las redes generativas antagónicas, es un ejemplo de una app que en teoría es gratuita (así aparece en la ficha de la App Store), pero que al abrir requiere, sí o sí, que paguemos para poder utilizarla.

El tema aquí ya no es solo la molestia que esto supone para el usuario, que instala una app para tener que desinstalarla al momento, sino que para colmo, no hay manera de saber inicialmente, sin instalarla, que esto ocurre.

Apple muestra en su ficha que la app es gratuita, pero que puede contener compras dentro de la misma. Tendríamos que abrir la pestaña de ficha técnica, pulsar sobre la flecha de la derecha en el apartado de compras in app, para saber qué planes de pago tiene, y por tanto, hacernos una idea de que potencialmente se trata de una de «estas» apps.

Siendo realistas, está claro que esto no lo va a hacer casi nadie. Supone haber dado cuatro clics más, cuando simplemente instalarla es un click.

Ahora bien, a ojos del desarrollador es el negocio del siglo, por eso de que gracias a esta argucia, ha conseguido arañar varias miles de descargas, y puesto que el número de descargas es un criterio importante a la hora de posicionar una app en el market, la aplicación jugará con ventaja frente al resto de apps de pago con las que en teoría debería competir (aparecerá primero que la gran mayoría de ellas).

Apple es conocedora de estas tácticas claramente deshonestas, pero la duda está en por qué, a sabiendas de ello, no hace nada.

Y la respuesta la tienes nuevamente en el comienzo de este mismo artículo: no le interesa.

A fin de cuentas, hablamos de una app que en teoría ofrece lo que dice (sirve para generar avatares), y por tanto no incumple la política de uso de la plataforma. Pero es que además el que tenga una suscripción de pago le viene bien a la propia Apple, que ha visto como en apenas un lustro ha pasado de facturar con su sección de servicios (donde entra la app store) desde poco más de un 5% a más del 25% actual.

Todo gracias, nuevamente, al hecho de que Apple hace en el ecosistema iOS/iPadOS lo que le da la real gana.

Que si esto no es un abuso de posición dominante, que baje Dios y lo vea…

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Pablo F. Iglesias
Pablo F. Iglesias

Pablo F. Iglesias es Consultor de Presencia Digital y Reputación Online, director de la Consultora CyberBrainers, escritor del libro de ciencia ficción «25+1 Relatos Distópicos» y la colección de fantasía épica «Memorias de Árganon», un hacker peligroso, y un comilón nato 🙂