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Ya he hablado alguna que otra vez de propuestas por recuperar la esencia que Internet tenía en sus inicios (compartir información entre usuarios con el mismo nivel de privilegios), y por supuesto, la imposibilidad de hacer esto de forma masiva.

Es innegable decir que Internet, con sus peros, ha evolucionado hasta volverse una maquinaria tremendamente valiosa… tanto para el porvenir de la sociedad, como para los negocios que se han creado alrededor del mundo digital.

Pero, no por ello, deberíamos dejar de hacernos eco de propuestas como la del Small Internet, destinada a recuperar, en parte, la accesibilidad que supuestamente tenía en sus inicios (y digo supuestamente, porque, en el práctica, a ver quién era el guapo que en los años setenta tenía un ordenador con capacidad de conexión…).

El artículo (EN) se centra, principalmente, en la huella de carbono que tiene toda la infraestructura necesaria para generar las webs y los servicios digitales actuales.

  • Una página como el NYTIMES, al parecer, genera 3,08 gramos de CO2 por página vista, que se dice pronto.
  • Una como amazon.com, 2,69 gramos por cada visita.
  • Wallmart, 1,44.
  • La de Apple, 0,69.

Ahora añade las millones de visitas que reciben algunas de estas páginas al minuto, y te salen unos números que marearían a cualquiera.

Y eso sin tener en cuenta el impacto que tiene la recolección de datos mediante cookies y otros sistemas de fingerprinting, en la seguridad y privacidad de cada uno de nosotros.

De la huella que dejamos cada vez que hacemos algo en la Red, por estar el Internet actual diseñado para este cometido.

Frente a este escenario, algunos proponen volver a las bases, con los diez mandamientos del Internet pequeño, que dicen, más o menos, así:

  1. No harás a los demás lo que no te gustaría que te hagan a ti.
  2. Minimizarás el consumo de recursos de ancho de banda para las demás personas, tanto como sea posible.
  3. Harás páginas sencillas y bonitas.
  4. Maximizarás la relación entre texto visible y el tamaño para cada página.
  5. Descargar JavaScript a los usuarios es propio de Satán. No lo harás nunca.
  6. No utilizarás programas de diseño que generen páginas con código HTML ilegible e innecesario.
  7. No utilizarás imágenes más grandes que lo estrictamente necesario.
  8. Crearás páginas que se puedan ver en tantos navegadores como sea posible, incluyendo navegadores de texto y antiguos.
  9. Harás la navegación sencilla para otras personas.
  10. No esconderás tus entradas viejas, a menos que ya no sean relevantes.

Sobra decir que estas premisas son lo que son: un canto de sirena que, en la práctica, es inviable de llevar a cabo.

Pero me resulta interesante ver que aún hay un porcentaje (bajo, seguramente) de personas que se preocupan por ofrecer accesibilidad real (y seguramente desproporcionada) al contenido en la red.

Que es necesario tener en mente este tipo de movimientos cuando diseñamos páginas y construimos la presencia digital de nuestra empresa o marca.

No para cumplirlo a rajatabla, por supuesto, sino porque, de facto, mayor accesibilidad es mayor capacidad de impactar con nuestro discurso en potenciales clientes o empleadores.

La propia página donde está alojado el artículo es un ejemplo de simpleza (ya no tengo claro que sea también bonita, todo hay que decirlo :D). Puro HTML, sin javascript de por medio, y con muy poco PHP (el formulario de comentarios). Casi como las páginas que se creaban hace unas décadas.

No como esta web, que está montada en WordPress, y por tanto, tiene un sistema bastante más complejo de generación dinámica de páginas… además de sistemas de analítica y gestión de roles y permisos de usuarios.

En CyberBrainers ayudamos a empresas y usuarios a prevenir, monitorizar y minimizar los daños de una crisis reputacional. Si estás en esta situación, o si quieres evitar estarlo el día de mañana, escríbenos y te preparamos una serie de acciones para remediarlo.

Pablo F. Iglesias
Pablo F. Iglesias

Pablo F. Iglesias es Consultor de Presencia Digital y Reputación Online, director de la Consultora CyberBrainers, escritor del libro de ciencia ficción «25+1 Relatos Distópicos» y la colección de fantasía épica «Memorias de Árganon», un hacker peligroso, y un comilón nato 🙂