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Ayer publiqué en PabloYglesias un análisis en profundidad de cómo blanquean capital los cibercriminales utilizando las criptomonedas, a colación de uno de los casos más sonados de estos últimos años.

El tema no es para nada baladí. Nos hemos cansado de oír que el mundo crypto ofrece una suerte de descentralización y anonimato que es, en esencia, lo que garantiza a ojos del ciudadano su vigencia a largo plazo como una alternativa a la centralización e identificación innata del sistema económico tradicional.

Sin embargo, todo tiene sus límites.

Y cuando hablamos de cripto, estos están bien identificados en la figura tanto de las organizaciones que conforman el propio ecosistema, como en los servicios que hacen posible su funcionamiento.

Me explico.

El mercado descentralizado de NFTs y criptomonedas dependiente de la regulación estadounidense

OpenSea es, a día de hoy, el marketplace más grande a nivel mundial de compraventa de NFTs.

La cuestión es que OpenSea es también una empresa norteamericana, y precisamente EEUU ha impuesto la obligatoriedad de que todas las empresas del sector no puedan dar servicio o bienes a ningún usuario de países considerados «hostiles» a Occidente (EN).

Entre ellos algunos ya habituales como Corea del Norte y Venezuela, pero también otros como Irán, Siria, y desde hace unos días, Rusia.

De la noche a la mañana, los usuarios de estos países han dejado de poder acceder a sus cuentas, cuando no directamente éstas se han eliminado.

Y algo parecido ha pasado recientemente con MetaMask, la wallet más popular para usuarios de Ethereum, y que precisamente es la que OpenSea recomienda (por compatibilidad directa) usar para gestionar los NFTs.

MetaMask es propiedad de la misma empresa matriz que Infura, una API centralizada que alimenta los datos de esta wallet desde la cadena de Ethereum.

En ambos casos los usuarios de las «áreas» sancionadas han dejado de tener acceso a sus wallet (EN), lo que en la práctica supone haber retenido su capital crypto por una decisión que, recordemos, viene dada por el gobierno de EEUU.

Eso sí, parece que MetaMask está ofreciendo la opción a dichos usuarios de sacar los ETH de sus carteras para portarlos a otras no dependientes de Occidente.

Y a estas noticias hay que unirles la decisión tanto de Coinbase, como de Binance (esta última a priori reacia, pero que al final ha pasado también por el aro), dos de las plataformas de intercambio de criptomonedas más utilizadas a nivel mundial, de imponer sanciones a los usuarios rusos. La primera bloqueando más de veinticinco mil direcciones vinculadas potencialmente a actividades ilícitas rusas (EN/es decir, a grupos de cibercrimen que operan sin problemas desde el territorio mientras el gobierno mira a otro lado) y la segunda alertando de que dejará de operar con tarjetas VISA y Mastercard emitidas en el país (EN).

Es un ejemplo más de los límites de un sistema, a priori descentralizado, como es el de las cripto. Del fin de esa supuesta Neutralidad de las Criptomonedas (EN) frente al status quo financiero.

En efecto la tecnología que hay detrás puede ser todo lo descentralizada que quieras, que mientras por encima haya servicios dependientes de criterios geoestratégicos, en la práctica esa supuesta fortaleza que ofrece la descentralización en cuanto a asegurar la accesibilidad neutral al contenido, se disipa.

Vamos, que al final esta alternativa a la economía centralizada que históricamente nos ha acompañado… vuelve a adolecer, en parte, de los mismos problemas.

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Pablo F. Iglesias
Pablo F. Iglesias

Pablo F. Iglesias es Consultor de Presencia Digital y Reputación Online, director de la Consultora CyberBrainers, escritor del libro de ciencia ficción «25+1 Relatos Distópicos» y la colección de fantasía épica «Memorias de Árganon», un hacker peligroso, y un comilón nato 🙂