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Estoy haciendo en diferentes artículos un especial sobre Web 3.0, y de hecho, en el primer artículo de este especial hablábamos de cómo hay un porcentaje significativo de usuarios que echan de menos la Web 1.0, es decir, aquella que existía antes de las redes sociales y los buscadores como Google.

¿El principal motivo? Pues que era una web no monetizable. Los que creábamos contenido, lo hacíamos generalmente por puro amor al arte, ya que aún no existían maneras de cobrar con muros de pago, publicidad y en definitiva, el resto de modelos de negocio vigentes hoy en día.

Como dejo claro en esa pieza, esto tenía sus puntos fuertes y sus débiles. A fin de cuentas, y como de hecho quiero tratar más en profundidad en un artículo futuro, hay un riesgo considerable que estamos asumiendo cuando los que generan el contenido no viven de ello, por eso de que:

  • No representan al grueso de la sociedad: Forman-formamos parte de una suerte de «élite» que tiene cubiertas las necesidades básicas, y cuenta con tiempo suficiente para dedicarle tiempo a una labor tan exigente como la creación digital de contenido sin percibir beneficio económico de ello.
  • No hay nada que asegure la perpetuidad de ese contenido: Por eso de que si no hay negocio detrás y solo se depende de las ganas de un tercero, puede llegar el día en que ese tercero o no tenga incentivos para seguir, o su situación económica haya cambiado y deba destinar ese tiempo a producir dinero y no a crear contenido.

En todo caso, quería centrarme en esta pieza en un elemento que sin lugar a dudas ha tenido un impacto claramente negativo en la prosperidad de Internet: Hablamos de cómo, gracias a la monetización, Internet se ha llenado de páginas basura.

¿Qué es una página basura y por qué es tan dañina para el futuro de la Red?

Básicamente podemos considerar una página basura a todas esas webs que supuestamente ofrecen contenido de valor, pero que lo hacen únicamente desde la óptica de ser monetizables.

¿Es que no es lícito querer vivir de lo que creamos, sea en digital, sea fuera de Internet? Por supuestísimo.

El problema es que para llegar a conseguirlo, muchos acaban por anteponer dinámicas nocivas de posicionamiento web a la propia consecución del objetivo inicial, que debería ser crear un contenido de valor.

Y a esto hay que sumarle el propio negocio de los buscadores, que hace tiempo pasaron de ser simplemente buscadores (es decir, servicios que se encargan de mostrar ordenados los mejores resultados a la búsqueda que realizas) a ser buscadores editorializados (es decir, servicios que se encargan de mostrar ordenados los mejores resultados a la búsqueda que realizas… dando prioridad a aquellas webs que han pagado por aparecer primero).

Así, no hace falta más que hacer una búsqueda rápida por cualquier elemento transacionable (por ejemplo, «comprar zapatillas»), para darnos cuenta de que, de los 10 resultados que orgánica e históricamente un buscador como Google muestra en su primera página:

  • Los primeros dos o tres resultados (cuando no más…) no cuentan para ese límite de 10 por página, y son de servicios promocionados (han pagado para salir ahí).
  • De esos 10, la amplia mayoría serán o tiendas online de venta como Amazon (normal), o páginas oficiales de marcas (normal también), o supuestas páginas de recomendaciones/reviews/comparativas.

Estos últimos son el verdadero problema, puesto que si en efecto, estas páginas hubieran sido creadas con el objetivo de recomendar/reseñar/comparar estos productos, aportarían un gran valor.

La cuestión es que el 100% de estas webs han sido diseñadas para posicionarse por encima del resto, por eso de que para posicionarse en un buscador (es decir, aparecer lo más arriba posible en las búsquedas) en un mercado tan competitivo como es el actual, o inviertes en mecánicas de posicionamiento SEO, que no son más que intentar engañar a Google para hacer parecer tu contenido más interesante que el resto, o no llegarás a ocupar los primeros resultados, que son los que de verdad mueven dinero.

¿Cómo identificar este tipo de páginas?

Pues tienen todas algunos puntos en común:

  • En el título y/o en la descripción que aparece en Google utilizan emoticonos (una flecha o cualquier cosa que llame la atención), y también, si el producto o servicio lo precisa, suelen incluir entre corchetes el año que fue publicado. El cual, por cierto, suele ser falso (se automatiza para que siempre muestre el año en el que estamos).
  • Una vez dentro, incluye muchísimo contenido de poco valor, pero muy optimizado para que Google piense que es de calidad, y siempre, siempre, la página está cargada de banners de publicidad y/o de enlaces de afiliados.
  • Si es lo segundo, además, ya se encargan de que sí o sí tengas que clicar en ese enlace, que te lleva a la página del producto, para enterarte del precio o de verdad conocer qué te ofrecerá, por eso de que tanto si lo compras, como si no, ya te habrán metido una cookie que reparte beneficios entre el vendedor y el afiliado en las próximas 24/48 horas (o el tiempo que corresponda a cada plataforma).

Este tipo de enlaces en las búsquedas acaban contaminando el valor de las mismas, ya que la gente entra en ellas pensando que, en efecto, van a obtener esa recomendación/reseña/comparativa honesta, y no que simplemente van a entrar en un portal que está fagocitando enlaces para redirigir tráfico a los productos o servicios que mejor monetización les deja.

Son las páginas basura de Internet, y hay un gran negocio alrededor de su creación y mantenimiento.

Un ejemplo de cómo el SEO, que en CyberBrainers utilizamos, como es normal, con fines lícitos, puede acabar siendo un arma para generar un negocio basado en el engaño.

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Pablo F. Iglesias
Pablo F. Iglesias

Pablo F. Iglesias es Consultor de Presencia Digital y Reputación Online, director de la Consultora CyberBrainers, escritor del libro de ciencia ficción «25+1 Relatos Distópicos» y la colección de fantasía épica «Memorias de Árganon», un hacker peligroso, y un comilón nato 🙂