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Hace unas semanas a la consultora nos llegó un chico, actor y modelo de profesión, con un perfil en Instagram de más de 100.000 seguidores, con un problema muy serio.

Al parecer, su manager le había propuesto comprar seguidores a un servicio de estos que operan con botnets, y de la noche a la mañana (es decir, en cuestión de un par de semanas) aumentó en 50.000 el número de usuarios que le seguían.

Por supuesto, todos esos perfiles son perfiles falsos. No son usuarios reales, sino simplemente cuentas creadas, la mayoría de las veces automáticamente, que o no tienen tan siquiera foto de perfil, o muestran una foto robada de un usuario legítimo (como le pasó a otro de nuestros clientes hace tiempo). Y que en muchos casos ni siquiera comparten contenido, mucho menos interactuar con el resto de usuarios reales.

A poco que busques por Instagram, Twitter y Facebook, encontrarás páginas que ofrecen este servicio a precios bajísimos.

Esto, a ojos de alguien no versado en cómo funcionan las redes sociales, podría parecer una buena idea. A fin de cuentas, los perfiles muestran el número de seguidores y seguidos en primera fila, dándole muchísima importancia.

Por ende, parece que a más número, mejor.

Es más, la propia estrategia de las redes sociales parece ir encaminada en este sentido. Sin ir más lejos, Instagram hasta hace unos meses solo permitía poner enlaces en las stories a aquellos que tenían más de 10.000 seguidores.

El problema es que no siempre se cumple esta máxima (la de que más es mejor). Y lo que es más importante: si ese crecimiento viene, como era el caso, dado no de forma orgánica (seguidores reales que te siguen porque les interesa lo que vas a compartir), puede ser hasta contraproducente.

Comprar seguidores: una mala idea

Con el paso del tiempo, este chico se percató de que sus publicaciones ya no era que obtuviesen las mismas interacciones (likes, guardados, compatidos, comentarios…), sino que incluso habían bajado drásticamente. Al comprar seguidores había perdido interacciones. ¿Es esto posible?

Esto puede parecer sorprendente, pero es totalmente normal.

Te explico:

  • Imagínate que nuestra cuenta tiene 1.000 seguidores.
  • La red social lo que hace no es mostrarle a esos 1.000 seguidores lo que compartes, sino mostrárselo a aquellos que cree que más interés pueden tener en tu contenido. Es decir, analizando interacciones anteriores.
  • Y puesto que cada usuario de los que nos sigue también seguirá a otras cuentas, y no está 24/7 conectado mirando qué hay nuevo, el algoritmo que decide qué le muestra cada vez tiene que tomar la decisión de mostrarle el contenido que potencialmente más le va a interesar, sea de nuestro perfil, o del de otros a los que sigue.
  • Esto hace que, realmente, si tenemos 1.000 seguidores, es muy probable que de esos solo 100 o 200 potencialmente puedan ver el contenido que hemos publicado (el algoritmo cree que les va a gustar), y que en la práctica le llegue a 80-160 (usuarios que el algoritmo cree que son target de ese contenido, y que además han abierto la aplicación a las pocas horas de nosotros publicarlo).
  • Los números finales, por supuesto, variarán en base al engagement que tengan nuestras publicaciones. De ahí que haya veces que una publicación le llega a, por ejemplo, 200 personas, y otra a 500 o a 50.
  • Ahora bien: Si a esos 1.000 seguidores obtenidos orgánicamente (gente que nos sigue por les interesa a priori lo que publicamos) le sumamos de pronto otros 1.000 que son falsos (bots que por razones obvias no les importa lo que publicamos, y que no van a interactuar con nosotros), el algoritmo lo que ve es que del total de gente que nos sigue, hay un porcentaje significativo que pese a que potencialmente podrían estar interesados en nuestro contenido, no interaccionan con él.
  • ¿Qué hace entonces? Pues entender que nuestras publicaciones han perdido calidad. Son menos interesantes, y por tanto se mostrarán menos.
  • Imagínate que entonces, de esos 2.000 seguidores, en vez de mostrarse al 10%-20% una nueva publicación, pasa a mostrarse al 5-10%. Es decir, a esos 100 o 200 seguidores.
  • Sigue siendo el mismo número, PERO ahora entre esos seguidores también estarán esos perfiles falsos, por lo que en la práctica, llegaremos a muchos menos seguidores reales por dos motivos (menos calidad y mayor ruido).

¿Queda claro?

Al comprar seguidores, lo que hemos conseguido es que nuestras publicaciones, paradójicamente, le lleguen aún menos a los timelines de los usuarios que sí están interesados en nuestro contenido.

Justo esto es lo que le pasaba a este chico. Tenía más de 100.000 seguidores, pero apenas tenía interacciones con sus publicaciones. Un claro síntoma de que había comprado seguidores (en su caso, su manager, no él). Y un problema gordo, teniendo en cuenta que él vive de su imagen.

Si su contenido llega a menos audiencia, menos anunciantes querrán trabajar con él.

¿Qué solución tenemos si ya hemos comprado seguidores falsos?

El problema, como le comentamos desde CyberBrainers, es que una vez hecho el daño, volver a atrás es muy pero que muy complicado.

Eso sí, la única opción que hay (a parte de cerrar esa cuenta y crearse una nueva…) es bloquear uno a uno a esos perfiles falsos, para sanear el perfil.

Claro está, esto es más fácil decirlo que hacerlo, ya que a ver cómo bloqueas tú varios miles de usuarios… teniendo en cuenta que la acción de bloquear supone tener que entrar en el perfil de esa supuesta persona, abrir el menú, darle al botón de bloquear y confirmar.

Que es cierto que hay aplicaciones que ofrecen este servicio… pero estamos en la de siempre. Son aplicaciones desarrolladas por terceros, a los que tienes que darle acceso a tu cuenta, y muchas de ellas gestionadas por cibercriminales.

De hecho, a este chico, intentando usar una de ellas, le robaron la cuenta, y afortunadamente pudo recuperarla contratando los servicios de una empresa como CyberBrainers.

En fin, que avisados estáis. Comprar seguidores es en la amplia mayoría de casos contraproducente.

Punto.

Mucho ojo con estos timos.

En CyberBrainers ayudamos a empresas y usuarios a prevenir, monitorizar y minimizar los daños de un ataque informático o una crisis reputacional. Si estás en esta situación, o si quieres evitar estarlo el día de mañana, escríbenos y te preparamos una serie de acciones para remediarlo.

Pablo F. Iglesias
Pablo F. Iglesias

Pablo F. Iglesias es Consultor de Presencia Digital y Reputación Online, director de la Consultora CyberBrainers, escritor del libro de ciencia ficción «25+1 Relatos Distópicos» y la colección de fantasía épica «Memorias de Árganon», un hacker peligroso, y un comilón nato 🙂