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En muchas de nuestras formaciones y charlas hablamos de las VPNs.

¿La razón? Son una de las herramientas más útiles y a la vez más sencillas de usar en el día a día si lo que queremos es un plus de privacidad/anonimato en nuestras conexiones.

Sin ir más lejos, un servidor ha pasado estos últimos años de usarlas únicamente cuando tenía que conectar alguno de mis dispositivos en una WiFi que no controlaba directamente (como puede ser la de un hotel o la oficina de un cliente) a que por defecto estén activas en cualquier conexión que hago desde cualquiera de mis dispositivos.

Sencilla y llanamente, incluso cuando navego con el 5G de mi operadora, hay una VPN por detrás operando.

El tema es que esto, hace unos años, con un 4G aún no tan establecido, y con conexiones de fibra solo disponibles en grandes núcleos urbanos, era impensable.

A fin de cuentas, una VPN incluye sí o sí una mayor latencia en las conexiones (tienes un intermediario más en cada envío y recepción de paquetes de datos). Pero hoy en día, con conexiones ultra-rápidas de fibra y 4G+/5G cada vez más disponible, esa leve pérdida pasa a ser insignificante, dándole mucho más sentido a su uso por defecto.

Ahora bien: Sigo dejando claro que igual que un gestor de contraseñas se puede usar en versión gratuita, con las VPNs no suele ser recomendable hacer lo mismo.

Que es cierto es, en parte son sensaciones mías, pero sigo sin fiarme mucho de un servicio que tiene un coste de mantenimiento considerablemente alto (una VPN debe pagar servidores repartidos en diferentes partes del mundo que hagan de puente VPN para sus clientes) y que no tenga un modelo de negocio basado en cobrarnos a nosotros como clientes.

Por eso de que si el negocio no está en tu cartera, es que el negocio eres tú: Es decir, tus datos.

De ahí que suela recomendar siempre VPNs de pago. Que hay varias muy buenas, y por el coste que tienen (muy bajo, la verdad) bien lo merecen.

Pero hay algunas excepciones.

En su día recomendaba mucho la de WARP, por eso de que detrás está nada más y nada menos que CloudFlare, una compañía que «sabe un poco» de las tuberías de Internet, y que al menos hasta el momento ha demostrado ser muy confiable.

Y otra, como no podía ser de otra manera, es Mozilla, la creadora de Firefox, y que también cuenta con su propia VPN.

Una VPN que funciona bien (no es la mejor en cuanto a opciones de servidores y velocidad, pero sin lugar a dudas no es la peor tampoco), pero que recientemente anunciaba integración con el complemento «Contenedores multicuenta» de Firefox (EN), haciéndola algo más interesante.

Básicamente, piensa en contenedores multicuenta como un servicio que permite que aislemos conexiones dentro del mismo navegador según el uso que le estemos dando en ese momento al dispositivo.

¿Lo más habitual? Conexiones personales, conexiones de trabajo.

Lo chulo de su integración con la VPN es que ahora es posible configurar los servidores de salida de la VPN según el contenedor que usemos en cada momento. O dicho de otro modo, tenemos un sistema bastante más cómodo para cambiar de servidor VPN según el uso que le queramos dar a la conexión.

¿En qué se traduce esto? Pues, como cabría esperar, en mayor privacidad.

A ojos de un tercero, cada conexión que hagamos en diferentes contenedores es vista como una conexión de un usuario diferente. Ya no solo porque el servidor de salida es distinto, sino porque incluso el agente y los datos que se muestran pertenecen a un contenedor distinto.

Un buen punto, la verdad, para echarle un ojo a esta VPN.

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Pablo F. Iglesias
Pablo F. Iglesias

Pablo F. Iglesias es Consultor de Presencia Digital y Reputación Online, director de la Consultora CyberBrainers, escritor del libro de ciencia ficción «25+1 Relatos Distópicos» y la colección de fantasía épica «Memorias de Árganon», un hacker peligroso, y un comilón nato 🙂